Señor, dame un árbol, Señor dame un árbol…
Dios le dio una semilla…
El hombre le pregunta:
Señor, yo te pedí un árbol.
Por eso, ¡Siémbralo! Ya tienes la semilla.
A los hijos no se les debe dar todo porque se vuelven “facilistas” y se les malcría;
deben afrontar penurias para desarrollar sus habilidades, dejémoslos crecer,
Solo es necesario un “empujoncito”.