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jueves, 19 de diciembre de 2013

Recopilación II, sobre el antisemitismo

No pudo exterminarlos Hitler, ni todas las guerras,
batallas e invasiones, desde SIEMPRE!

Adolfo Hitler, a quien no cabe epíteto de maldad, como
presidente del Partido nacional socialista de los trabajadores,
culpa a los judíos de la derrota de Alemania después
de la I Guerra Mundial.

Como prisionero, en 1922, escribe Mi Lucha.
Al morir Paul von Hindenburg en 1934, Hitler se nombró “Führer”.
La clase media y trabajadora confía en este  inhumano ser, 
para salvarse, aparentemente, del comunismo.

En Alemania, 1935 las leyes privaron a los judíos de su ciudadanía; 
humillados en público, expulsados de las escuelas y privados del trabajo. 
En 1938 los nazis destruyeron sus casas, quemaron sus 
tiendas e incendiaron las sinagogas.

Con el emblema y propaganda nazi hacia la ascendencia de una
raza “aria” o superior, sin confesar que su ancestro era el mismo.

Llega para los judíos “La Kristallnacht”, o “Noche de los cristales rotos”;
El  Holocausto y exterminio de los judíos, testimonio de la
masacre nazi, que  todos conocemos.

Sin embargo, 
“El Pueblo de Dios, escogido para ser el pueblo del Señor es 
y será superior, por esa misma causa.




Grande! El pueblo judío, a la cabeza 
de toda investigación científica 
en bien de la humanidad ha descubierto 
lo que Dios permite al hombre y en 
este caso, a “Su Pueblo”.

Por ejemplo, cualquier adelanto 
de la ciencia, que hace  “crisis,
no siempre, es  negativa”-, 
el bacteriólogo Alexander Fleming 
descubre la Penicilina en 1928 
y Ernst Chain en 1938, 
dio a conocer los
beneficios del antibiótico.

Al inicio de 2009 a un obispo católico 
se le ocurre dar polémica
sobre el “Holocausto Nazi” y el 
Papa Emérito, Benedicto XVI,
pide perdón al mundo judío, para desagraviar
 de una -injusta culpa-, en cuya 
responsabilidad, no tuvo nada qué ver la Iglesia Católica.

Preguntándome por décadas, –cómo es posible que haya sucedido tanta 
atrocidad al “pueblo del Señor”?

Mi única y tal vez descabellada respuesta ha sido que, tiene su origen, 
en no haber reconocido al Hijo de Dios, hecho Hombre, como su Rey y MESÍAS, 
nacido entre ellos.

Israel, pueblo judío, escogido por Dios, vuelve los ojos a BELÉN
y reconoce en ese humilde pesebre, tu único SEÑOR, JESÚS!

Nosotros, iglesia que pertenecemos a los pueblos a los cuales se refería 
el Señor, cuando dijo “ningún profeta es reconocido en su tierra”, 
volvamos los ojos al Sagrario, donde el Señor, nos espera, bajo la especie 
del pan y en la Noche de Navidad, con su remembrada fiesta de cumpleaños.


¡María Santísima bendice a los no nacidos!