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jueves, 27 de septiembre de 2012

Actitudes de cambio

Las actitudes determinan las emociones, y éstas los sentimientos 

que hacen que nos sintamos bien o mal.
Nos sentimos alegres, tristes, enojados, inseguros, avergonzados, motivados.

No permitir a los sentimientos controlar las emociones para que ellas no 
nos controlen a nosotros, saber que hay equilibrio.

Las tareas o labores que realizamos deben hacernos sentir bien.
Sonreír y realizar lo que nos hace felices, sin lastimar a los demás.

Lamentar es quedarnos en el pasado. 
“Quien coge el arado y mira  atrás, no avanza”, dice el Señor.
Quejarnos nos hace sentir tristes, inconformes: 
por, “lo que pudo haber sido y no fue”.

Llegado un momento adverso, una experiencia de aridez, reflexionar 
con madurez que es perseverancia para llevar un proyecto a feliz término, 
a pesar de los obstáculos.

Con madurez controlamos la ira y allanamos las diferencias sin violencia. 
Madurez es la humildad y el valor de reconocer cuando se está equivocado 
y si la razón está de nuestra parte, no mostrar la satisfacción para decir: 
“Yo lo advertí”.

Madurez es tomar una decisión y sostenerse en ella; es el arte de vivir 
en paz cuando las circunstancias así nos lo presentan.

Paciencia, es libertad de rechazar un placer momentáneo en aras de la felicidad.

Constancia, es vencer las derrotas, es la capacidad  para enfrentar las 
adversidades y frustraciones, sin lamentarnos.

Recopilación del Boletín de Voluntariado hospitalario de la salud  Seccional Cundinamarca, 1978, cuando para la salud aun había humanidad y evangelización.

martes, 14 de junio de 2011

"La viga en el ojo ajeno..."




Homilía del padre Miguel Marie, EWTN - Lucas 6, 39-42.

“Aunque tengamos que corregir a alguien, debemos tener siempre piedad para corregir con cautela”. San Agustín

“Démonos cuenta que tenemos la tendencia para corregir a los demás sin corregirnos a nosotros mismos”.

“Cuando somos sacerdotes, predicamos para nosotros mismos”.

Cómo podemos saber si nuestro ojo está limpio o sucio?”.

“Si consideramos que hemos tenido una falta, debemos reconocer que somos débiles”.

“Cuando estamos siendo corregidos por los demás, diremos como”

San Francisco: “Dichoso el siervo que se somete en silencio, que no se apresura”.

“Oremos para corregir nuestras propias faltas y convertirnos al llamado de la santidad”.

“Tenemos que tratar de superarnos cada día, para no ser hipócritas”. Juan Pablo II. Septiembre 10 de 2010